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VILLA MARÍA, CÓRDOBA

06.11.2018 Columnista

El cambio está en marcha

El cambio está en marcha

Es cada vez más frecuente que la gente se haga preguntas acerca de las criptomonedas o los “bitcoins” como más usualmente se las denomina, cumpliendo con aquel principio que las cosas toman el nombre propio de la primer marca que las desarrolla masivamente. Aunque hoy exista una multiplicidad de monedas virtuales, Bitcoin es el nombre de la primera que se implementó en el mundo.

Son utilizadas en distintas transacciones como medio de pago y en algunos casos, como un nuevo mecanismo de inversión financiera. Actividades muy incipientes todavía y no difundidas en forma masiva.

Esta nueva creación del hombre moderno se basa en la tecnología denominada “blockchain” (cadena de bloques) cuyo principio fundamental es la descentralización y la codificación de los datos, que la hacen muy segura y confiable.

Me parece importante reflexionar sobre su impacto en la economía de todos los días, tal cual la conocemos.

Que la emisión de una moneda se encuentre en  manos de distintos usuarios interdependientes en lugar de un Banco central controlado por el Estado, es un cambio de paradigma sin precedentes en la historia del mundo. Esta situación tiene implicancias económicas pero muy especialmente, políticas. Significa un cambio en las reglas de juego que interpela el poder constituido, el concepto mismo de “Estado Nación” desarrollado en la sociedad capitalista de los últimos siglos, donde las fronteras físicas y el control de la sociedad a través de los órganos de gobierno, era un eje central.

El valor de la moneda con la que nos vinculamos tradicionalmente está basado en la “confianza” que depositan sus usuarios en quien la emite y no por la riqueza que la respalda. Por lo tanto una moneda virtual sobre la que pudieran confiar los distintos actores que comercien con ella, perfectamente podría ser tan viable como el dinero tal cual hoy lo conocemos.

Pero  este tema nos lleva a uno mucho más global que es el uso de las tecnologías en forma masiva y la penetración que tienen en nuestra vida cotidiana, saltando fronteras de todo tipo.

Un ejemplo concreto de este fenómeno puede ser Uber, donde una persona en un lugar del mundo contrata un servicio propuesto por otra en otro sitio distante a través de una aplicación que administra  una empresa que tiene domicilio en un territorio diferente, es decir, involucra varios países. La operación se hace a través de la “nube”, es una transacción global.

Cuando Uber llega a una ciudad, se oponen a su instrumentación dos actores muy bien definidos: el Municipio y los taxistas. Y es porque claramente Uber es un servicio muy competitivo y ocupa un lugar importante en un mercado que, hasta ese momento, era de  “privilegio”, en donde podían actuar solo quienes el Estado autorizara.

Para el Municipio también es un problema, porque pone en duda esa licencia que otorga de manera exclusiva (y por la que cobra un canon). Además se le hace muy difícil cobrar sus impuestos ya que la empresa está domiciliada en algún lugar del mundo, o más específicamente en la “nube” donde es difícil de acceder para el fisco.

Lo que hace Uber es utilizar la tecnología para el uso de recursos que son ineficientes en muchos casos. La empresa no posee un solo auto ni chofer, su importancia en esta actividad está dada por la prestación del servicio de conexión entre las partes.

Esta situación también se puede replicar cuando contratamos un hotel por Booking o alquilamos una casa por airbnb o compramos un producto en Alibaba. Nuestra conexión con estas empresas es a través del celular o la note y el único “rastro” que dejamos en el sistema económico tradicional es el pago con la tarjeta de crédito o débito. A través de esta operación financiera el Estado puede controlar su pago y establecer algún mecanismo impositivo confiable.

Pero ¿qué pasaría si el pago se efectuara través de una criptomoneda sobre la cual no hay transacciones en el marco de la económica tradicional?. Donde además su emisor no es un Banco central y está distribuido en distintos lugares del mundo.

Las preguntas que surgen son muchas, lo que está claro es que la tecnología que el hombre ha desarrollado viene a proponer un desafío al orden establecido en materia económica y financiera. Los que detentan el poder ya lo saben y se preparan para oponerse al nuevo sistema o, en último caso, tratar de absorberlo y neutralizarlo.

Hoy el poder de las Naciones o las corporaciones económicas tradicionales está siendo interpelado por empresas tecnológicas que acumulan la mayor concentración de información que se puede haber generado en la historia de la humanidad (Facebook, Google, Apple, Microsoft, entre otras). Les permite disponer de nuestros datos y en base a ellos generar negocios que ofrecen a otras empresas interesadas. Estaríamos ante un nuevo poder concentrado que comparte o reemplaza a otro vigente.

Los que desarrollan la tecnología “blokchain” dicen que esta herramienta permite acceder a transacciones e información de manera mucho más privada y así poder acceder a  algún tipo de control sobre nuestros datos, planteando un “anticuerpo” al proceso  antes mencionado. Sería como oponer la descentralización a la concentración de información y poder. Proponiendo una potencial nueva alternativa a lo establecido.

Estimado lector, quizá Usted piense que estoy hablando de ciencia ficción o contándole una historia futurista y fantasiosa. Aunque me considero con enormes limitaciones para avanzar en tratar de medir el impacto de todo lo que está sucediendo en esta llamada “cuarta revolución industrial”, debo decirle que es una  realidad que crece en forma vertiginosa y que  cambiará el mundo en nuestra forma de relacionarnos económicamente, estableciendo nuevos paradigmas en muchos casos ahora inimaginables.

Es de esperar que estas nuevas tecnologías se utilicen en  beneficio de la sociedad y tratar de propiciar un mundo más justo y equitativo. Si esto no sucediera, deberíamos entender que la evolución humana no fue suficiente para generar mayores virtudes y bienestar a los habitantes de este mundo, sino todo lo contrario. Una incógnita que sólo la develará el tiempo.

Lo único cierto es que… el cambio ya comenzó.

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