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VILLA MARÍA, CÓRDOBA

09.11.2018 Columnista

Que sea la última

Que sea la última

Dice la tan remanida frase: “toda crisis genera oportunidades”. En la Argentina nos enfrentamos a un nuevo proceso crítico de la economía que se repite cíclicamente desde hace décadas. Aunque no son iguales en su magnitud, todas reconocen similares orígenes y estallan sin remedio cuando nuestras cuentas externas y fiscales ya son infinanciables. Sería entrar en un lugar común comenzar a lamentarnos de la situación y querer encontrar culpables. Más allá de los distintos grados de responsabilidad, las crisis se producen porque hay una sociedad que las ha prohijado, las ha permitido y esto es lo que debemos cambiar. Intentar que sea la última, por lo menos de las características que nos han aquejado recurrentemente. Y esto no se logra adoptando las mismas soluciones, repitiendo las estrategias pasadas. Es indispensable ponerse a pensar un modo distinto de enfrentarla y resolverla. Seguramente este es el camino más difícil y más largo, pero puede ser aquel que nos conduzca a generar una economía más sostenible y estable en el tiempo.

No hay recetas mágicas y sí hay esfuerzo e imaginación de por medio. Para ello es necesario que se produzcan acuerdos básicos sobre los cuales debemos trabajar en los próximos años. Dejar de lado privilegios insostenibles y develar verdades ocultas. Las comunidades, como cualquier tipo de organización, crecen con objetivos comunes y esfuerzos compartidos. Esta situación parece irrealizable en el contexto que vivimos; una sociedad con heridas abiertas y discusiones estériles. Ya no es importante de quien es la culpa de haber llegado a esta situación. Lo relevante es ver cómo vamos a hacer para salir. Esto no debe ser un proyecto de una persona, de un poder o parcialidad alguna. Para proyectarnos seriamente, es necesario una mayor cohesión de la sociedad detrás de objetivos superiores y para lo que se necesitan liderazgos en todos los órdenes: sociales, económicos, institucionales políticos, etc.

Las medidas anunciadas recientemente por el gobierno solo servirán, en el mejor de los casos, para sortear los momentos críticos que vivimos estos meses. Pero no atacan nuestros problemas estructurales, los que nos llevaron repetidamente a esta situación. Paralelamente a lo coyuntural debe abrirse un espacio para discutir y acordar las bases de un nuevo país, fundado en la educación, el trabajo, la producción y una mayor equidad social. Finalizo estas reflexiones con un pensamiento que se le atribuye a Albert Einstein y lo considero muy pertinente para lo que estamos viviendo: “la verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y las soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin crisis no hay méritos. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar para superarla”.

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