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18.08

VILLA MARÍA, CÓRDOBA

01.04.2019 Columnista

Año electoral

Año electoral

Como cada año impar en la Argentina, estaremos de elecciones. En la provincia se elige en mayo y, si hay segunda vuelta presidencial, finalizaremos en noviembre con el calendario electoral. Como sucede habitualmente en nuestro país en estas circunstancias, estaremos invadidos de promesas, discursos demagógicos y  soluciones mágicas. La economía no le dará mucho margen de acción al que asuma la presidencia en diciembre, pero los candidatos se ocuparán de hacernos creer que “ellos pueden”.

Transcurrimos el año 36 desde la vuelta a la democracia en materia social y económica, los argentinos nos encontramos igual o peor que en el 1983 cuando Alfonsín se asomaba a la Plaza de Mayo prometiendo que con la democracia “se come, se cura y se educa”. Hoy menos gente come bien porque tenemos el 33 % de la población en la pobreza, un sistema de salud con muchas falencias y una educación que nos ubica en un lugar más lejano en el contexto internacional que en el año 1983. La democracia, y en especial la política, están en deuda con todos los argentinos. Es momento de la autocrítica, la reflexión y la generación de propuestas en serio en el marco de consensos donde se definan verdaderas políticas de Estado en relación a los temas centrales del país. Pero esta situación parece estar lejana en el marco de lo que llamamos “la grieta” o dicho de otra forma, la poca voluntad de la dirigencia de deponer aspiraciones personales en pos del bienestar de los argentinos. Aquí parece que cada uno tiene la fórmula mágica, la solución a todos nuestros problemas. La magnitud de la crisis en la que estamos sumidos los argentinos requiere de proyectos sólidos, pero también imbuidos de grandeza, de solidaridad y actitudes altruistas. Los argentinos necesitamos soluciones a nuestros problemas, nada más ni menos que eso. Pero que estas soluciones sean para el conjunto de la sociedad y no para beneficios sectoriales o corporativos que siempre se anteponen al bien común. Es preciso alertar a la clase política que ésta situación no se puede mantener indefinidamente en el tiempo, porque el futuro, en este contexto, solo puede ser peor, no mejor. Hay que cambiar, debemos cambiar, si queremos un futuro más promisorio para el país. ¿Se producirá este cambio? ¿Será en este nuevo “año electoral”?, dicen que la esperanza es lo último que se pierde… por ahí se produce y los políticos, empiezan a pagar la deuda, deuda que es mucho mayor que la de los acreedores internacionales porque es de confianza y con sus conciudadanos, a quienes han defraudado. Una deuda que sólo se salda con gestos patrióticos y con buenas prácticas políticas. Tan simple como eso.

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