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17.10

VILLA MARÍA, CÓRDOBA

28.05.2019 Columnista

Sin confianza no hay país

Sin confianza no hay país

Como el año pasado, transitamos éste 2019 pendientes de lo que pueda suceder en el día a día con el dólar. En realidad, esta actitud no está relacionada a una predilección especial que tengamos los argentinos por la moneda de otro país, sino a la necesidad de contar con un valor de referencia para poder operar o ahorrar con un parámetro más o menos fijo y confiable, como en cualquier lugar lógico del mundo lo hacen. Esta actitud, entonces, tiene más que ver con la falta de confianza hacia nuestra moneda: el peso. Situación a la que se ha llegado luego de vivir décadas de inestabilidad e incertidumbre económica y que se manifiesta a través de la inflación.

Los sucesivos gobiernos han tratado de diferentes maneras de enfrentar este fenómeno, pero solo han logrado agravarlo. Esto puede deberse a que el combate de la inflación se queda siempre en el discurso, pero en la práctica, nada se ha hecho para solucionarlo, con las graves consecuencias que esto genera en el entramado social en términos de una distribución injusta y regresiva de los ingresos. Más inflación es igual a más desigualdad y más pobreza.

La moneda es un valor social que debiera ser considerada como una verdadera “institución” y guardársele el mismo respeto que a cualquier otra de las que constituye el entramado social. En nuestro país, esto no sucede.

Nuestra crisis es más abarcativa que una simple cuestión económica, es un problema que adquiere características culturales muy arraigadas en nuestra sociedad. Es una manifestación real y palpable de la falta de credibilidad en el funcionamiento institucional de un país, donde las leyes parecen que se cumplen solo en forma relativa o muchas veces no se cumplen.
Las consecuencias se reflejan en la descomposición del entramado social. No es solo la pobreza o la inseguridad lo que lastima, también lo es la falta de futuro para quienes necesitan desarrollar su proyecto de vida, sus sueños.

La desconfianza hacia nuestra moneda es más que una cuestión económica o fruto de una crisis coyuntural. Es un problema de falta de credibilidad de los argentinos hacia todo un sistema institucional   y los gobernantes tienen mucho que decir al respecto.

Dicen que la esperanza es lo último que se pierde y por eso siempre hay una oportunidad de comenzar a reconstruir la fe pública, la credibilidad social. Para empezar a solucionar este tema primero hay que enfrentar sus causas y no dejarlo solamente en el discurso voluntarioso y demagógico.

Ya no más promesas, los argentinos necesitamos hechos, no palabras.
Porque sin confianza no hay moneda pero también debemos saber que  sin confianza… no hay país.

Cr. Alberto Costa

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