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17.10

VILLA MARÍA, CÓRDOBA

22.07.2019 Columnista

Unos vienen, otros se van

Unos vienen, otros se van

Argentina es un país que creció a base de
fuertes corrientes inmigratorias durante su historia. En distintas épocas y de
distintas latitudes, personas de todo el mundo vinieron a buscar una mejor
vida. Por estos años la situación se repite y la mayoría de los inmigrantes
corresponden a países cercanos y también de Venezuela, cuyas razones son por
todos conocidas.



Paralelamente a este fenómeno inmigratorio se
da otra situación inversa, nuestros jóvenes han comenzado a emigrar (o piensan
hacerlo) a otros países en busca de su futuro o una experiencia que les permita
proyectarse mejor en función de sus condiciones y aspiraciones. Esto motivado
por las difíciles condiciones económicas en que nos encontramos pero, en
especial, por la falta de horizontes que muchos jóvenes no perciben. Así se da
esta verdadera incongruencia en donde el mismo país que fue refugio y esperanza
para sus abuelos o bisabuelos hoy es un espacio donde sus descendientes no
encuentran un lugar para proyectarse.



Las razones pueden ser múltiples, pero se
puede inferir que la permanente inestabilidad económica y una sociedad que no
premia el esfuerzo y el trabajo son algunas de las causas de este nuevo
fenómeno social.



Además de estas causas, la razón esencial está
en la falta de un  mensaje esperanzador
que la política debe dar: plantear qué país soñamos, qué país queremos. Lo que
arraiga a una persona a un lugar no es solo la realidad circundante sino
también “el sueño a cumplir”, el proyecto al que puede integrarse, ser parte.
Hoy ese mensaje no existe o si lo hay, no es creíble por los antecedentes de
los liderazgos más representativos de la política actual. Por una razón u otra,
hoy estamos huérfanos de ese proyecto que nos entusiasme y nos comprometa a
vivir en nuestra tierra. Aunque siempre es atractivo soñar en trabajar y
desarrollarse en algún otro lugar del mundo, también es cierto que no existe
mejor lugar para hacerlo que tu propio terruño, tu país.


Una situación que nos tiene que llevar a la
reflexión a todos, en especial a quienes representamos generaciones anteriores,
en parte responsables del país que tenemos. Mientras de otros países vienen a
la Argentina, algunos de los nuestros empiezan a irse o piensan hacerlo.



Esto seguramente cambiaría con un país
estable, con reglas claras y perspectivas de futuro. Un país que les devuelva a
los jóvenes parte de sus sueños y les permita crecer en él, donde sus
aspiraciones y esperanzas puedan conjugarse con sus sentimientos. Es lo menos
que una nación debe brindar a sus habitantes: oportunidades, futuro. No es nada
extravagante, casi básico diría, pero hoy en la Argentina parece que eso no
sucede.

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