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VILLA MARÍA, CÓRDOBA

23.08.2019 Columnista

La Argentina que cambia?

La Argentina que cambia?

En la Argentina, un país donde es imposible que politólogos y economistas se rindan ante el tedio, éste es otro año maratónico en materia electoral, como hace cuatro atrás. Ante la sucesión de comicios, municipales, provinciales y nacionales (primarias, primera y seguramente, segunda vuelta), se me ocurre formular las siguientes apreciaciones generales, para evitar caer en el riesgo de la desactualización.

Primero, estamos a las puertas de un hecho histórico. Si Macri termina su mandato, será el primer Presidente no peronista que lo hace desde Marcelo T. de Alvear, en 1928 -sí, casi 91 años después-. Esto, a la luz de su más que mediocre gestión económica y un más de un 60 % de la población que reconoce que en 36 años de democracia, ha perdido su fe e ilusión en esta forma de gobierno, es casi un milagro. Pero el mérito del dato, incluyendo un prontuario histórico que nos juega muy en contra, como nuestro récord de golpes militares, una guerra contra la OTAN, violencia política, dos hiperinflaciones, una inflación de 70 años, del 60 % mensual, devaluaciones y confiscaciones financieras y previsionales, es innegable y debiera llenarnos de orgullo como sociedad civil, frente a otras vecinas y no vecinas que han optado por regresar sutilmente a  modelos semiautoritarios.

Segundo, 30 años después de Alfonsín, que anticipó su salida porque su republicanismo no alcanzó a disimular su evidente fracaso económico, hasta ahora, Macri, a sabiendas de haber incumplido sus promesas, agravar con su mala praxis la mala herencia económica K y hasta fallar en el cambio cultural que se propuso, se mantiene como el rival a vencer, no obstante su baja notoria en popularidad, lo que agrandó a sus adversarios y atemorizó a sus socios de Cambiemos (los radicales). Es otra paradoja de la política argentina que un ingeniero que intentaba demostrar una administración eficiente y eficaz, esté terminando de manera tan deshilachada en ese rubro mientras que en el campo político (ajeno a él), sí pueda mostrar logros que lo contrastan fuertemente con el pasado y que lo habilitan para mantener su propia candidatura en pie. Por supuesto, la manipulación mediática del temor a ese mismo pasado y su gestión estatal -sin sobresaltos- de los millones de planes sociales, también contribuyen a ello.

Finalmente, así como lo fue el 2015, ésta será una larga carrera de obstáculos. Día tras día, semana tras semana, seremos testigos de cambios, de nuevas acciones, de efectos sorpresa, de resultados que impactan, etc., porque así están diagramadas las reglas del juego electoral. No nos engañemos: esta Argentina, más que agrietada, está fragmentada, con un sistema de partidos que ya no existe y donde sólo existen oficialismos (24 provinciales más uno nacional) y oposiciones varias. Uniendo dos tercios se le puede ganar al tercio gubernamental pero eso no es sencillo porque también juegan los egos de los liderazgos, sus cálculos generacionales y por qué no, sus cuentas pendientes con la justicia. La jugada de CFK ungiendo como Vice a su candidato a Presidente, una verdadera rareza en la democracia mundial, puede obrar en tal sentido. Todo ello me permite aventurar que excepto un cataclismo macroeconómico, como una espiralización inflacionaria, hay una alta probabilidad de una repetición del escenario de 2015, aunque tal vez, por qué no, con otros protagonistas pero coaliciones parecidas.    

 Marcelo Montes
 politólogo, Mgter. y Dr. en Relaciones Internacionales (UNR), profesor de Sistemas Políticos Comparados de la UNVM. https://marcelomontes.com/

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