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17.10

VILLA MARÍA, CÓRDOBA

19.09.2019 Columnista

El protocolo familiar y el recambio generacional

El protocolo familiar y el recambio generacional.

A través de esta nota es mi intención poner de relieve la importancia que tiene el Protocolo Familiar en la verdadera y efectiva salida del fundador de la empresa, facilitando la apertura y consolidación de las nuevas generaciones en su manejo y/o conducción.

Diversos autores sobre la temática de la gestión de las empresas familiares han menoscabado la importancia del protocolo como herramienta principal a los fines de la organización y funcionamiento de las EF.

Adhiero parcialmente a tal postura, coincidiendo en que lo más inmediato es ordenar con el grupo familiar empresario las pautas de trabajo en equipo con la asignación de responsabilidades, determinación de funciones y todo aquello que muchas veces he comentado, apreciando sus bondades.
No obstante, respecto de la salida del fundador, en ese proceso denominado “pasar la posta” he llegado a comprobar que si no está escrito y protocolizado, difícilmente se dé naturalmente.

En la medida que su salud física y mental esté apta para seguir asistiendo a la empresa, se aferrará a su rol, tomándose de su escritorio con manos bien firmes como si un vendaval estuviese por arrasarlo.
Del dicho al hecho hay un largo trecho dice un refrán de vieja data. Y así sucede al momento de soltar la actividad que por años han desempeñado los fundadores.

Ellos se muestran abiertos a ser reemplazados, comentándolo en toda ocasión posible con frases como por ejemplo: “ya sé que en unos años más tengo que dejar… cuando los muchachos ya estén listos… y ni bien este concluida tal o cual obra, yo me voy… total, esto fue para ellos…”
A todo esto el fundador ya ha superado los 70 años de edad… los hijos ya han cumplido los 50, y la “obra” que se debe concluir esta como a cinco años de su supuesta finalización.

En tanto siguen yendo a la empresa. Sostienen los fuertes lazos que con el tiempo han generado con el personal más antiguo y de su total confianza (sus protegidos o mimados) haciendo que estos asuman un protagonismo tal, que impide a la nueva generación reorganizar los roles y/o funciones de estos dependientes que para su padre son “tan imprescindibles”.

La nueva generación agudiza su frustración. Mantiene roces permanentes con este sector de personal privilegiado y siguen a la espera de que su padre/madre decida realmente pasarle el mando y colaborar desde otro lugar.

Lo narrado es muy perjudicial para la empresa (sea esta comercial o de servicios profesionales). 
La estanca. La deja situada en una planicie sin poder recibir el enriquecimiento de la fuerza innovadora del recambio, otorgándole un gran espacio a la competencia que aprovecha y saca ventajas.
Todo esto NO sucedería si la salida del fundador se hubiese previsto y programado en uno de los capítulos que conforman el Protocolo Familiar. Firmado en una Escribanía, con los marcos formales que merece el instrumento.

Y digo que no sucedería, porque allí, en ese acto, se generaría el compromiso de “soltar” a determinada edad. Cumplida la misma el fundador sabe que su tiempo se acabó, al menos para esa función. Podrá ejercer otra, desde un lugar diferente, pero ya no dentro de la organización.

En mi experiencia profesional como asesor de empresas de familia, puedo apreciar que si los fundadores no comprometen su salida  dejándolo firmado en un Protocolo, difícilmente lo hagan.
Que sigan gestionando y dirigiendo puede ser útil a su salud, más no para la de la empresa.
Se deben utilizar otras herramientas que permitan alcanzar los dos objetivos al mismo tiempo.

Cr Marcelo Masciotta
M.P. 10-05832-9
Consultor en Gestión de Empresas Familiares
marcelomasciotta@hotmail.com.ar
0353-155693276

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