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17.10

VILLA MARÍA, CÓRDOBA

01.10.2019 Columnista

Sumar Sumar

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Claves para vivir las crisis.

Si algo hemos aprendido los argentinos es a vivir en situación de crisis. Esto nos genera cierta experiencia vital que nos lleva a interpretar los hechos y circunstancias diarias de diversas maneras; por momentos con resignación, con frustración, con aceptación de las reglas de juego ó con la ambición de superación generando nuevas posibilidades. 
Abro preguntas que nos permitan mirarnos, escucharnos y tal vez repensarnos ¿para qué  sirve una crisis? ¿qué hacemos con el estado de ánimo que nos provoca?, ¿cómo reconvertirnos?

¿Para qué nos sirve una crisis?

La palabra crisis viene del verbo griego “krinein”, que significa cortar, separar y de sufijo “sis” , dosis, parálisis, análisis. En la medicina es usado para referirse a un cambio brusco o profundo que puede llegar al punto que separa la vida de la muerte. Es allí donde los médicos tienen que analizar los síntomas y decidir si el paciente vive o muere.
Todo ser vivo, necesita de la crisis para evolucionar, es parte del juego biológico de la vida. Crecemos a partir de las crisis evolutivas, cada 7 años los seres humanos sufrimos profundas transformaciones que nos llevan a otro estadío de la vida y toda nuestra biología se modifica, muta; (0- 7 niñez, 7-14 pubertad, 14-21 adolescencia, 21-28 juventud, 29 -36 joven adulto, 36 -42 adulto, 43- 50 madurez, 51 – 59 plenitud de la madurez, 60- 67 adulto mayor, etc. Etc). 
A esto le podemos agregar las crisis personales, de coyuntura y las crisis de contexto sociopolíticas. Es decir, los argentinos tenemos una alta probabilidad de vivir en modo crisis. Tal vez lo nuevo sea, en nosotros, construir un tiempo de estabilidad dinámica.
La crisis, se da cuando por alguna razón se interrumpe el fluir de las cosas, su contrario es la permanencia  en el fluir, es el avanzar en coordinación y complementación, como el dominó.
Vivir en crisis es interrumpir los procesos, lo que implica cortar la inercia de la evolución o cambiar de sentido.
Ese cambio de sentido genera diversos estados de ánimo, según sea la conversación que en el presente, tengamos con el pasado o el futuro y la interpretación que hagamos del mismo. Es decir, la interrupción en la dinámica de lo que estemos viviendo como país o de manera personal, va a cobrar sentido acorde a la interpretación que hagamos. Ejemplo: si todo el tiempo nos decimos frases como: “y si los argentinos somos así… este país nunca va cambiar..”  “En Argentina, todos es papa frita y Good Show”, y tantas otras conocidas, pregunto: ¿Qué sensación te queda al escucharla? ¿abren o cierran posibilidades? ¿te impulsan a la acción, te inspiran?  o ¿te deja indiferente?. 
Según sea la respuesta nos orientamos a un estado de ánimo, a una emocionalidad de fondo, la cual generalmente no detectamos, sino a través de esas frases cliché que decimos ligeramente y que habitamos como certezas absolutas, tomando decisiones en la vida diaria desde allí. Decisiones como irse del país, no casarse o casarse, u otras tantas que decidas hacer.

¿ Qué es un estado de ánimo?

Es una emocionalidad de fondo que opera en las personas de manera permanente y constante vinculada a las interpretaciones que hayamos realizado, a los aprendizajes culturales y de vida. Es una emocionalidad unidad directamente a la temporalidad. El estado de ánimo tiene a la persona en su red, según esté anclada en el pasado, presente o futuro.
Si la persona vive el presente resintiendo algo que no fue, o fue de manera injusta para sí, tendrá una herida que sangra continuamente y sus acciones serán coherentes con ese dolor, por tanto el resentimiento se hará evidente en todo lo que ocurra.
Si la persona vive el presente desde la interpretación de pérdida, es decir, que todo lo pasado fue mejor y que no volverá a suceder, lo que ocurrirá es que en su hacer habrá la inercia de quien pierde el sentido de la vida, pierde las motivaciones.
Si la persona por el contrario, acepta que todo lo vivido fue para su aprendizaje y lo pone en sintonía de perdón y agradecimiento, interpretando que todo lo vivido hasta este momento aquí y ahora son para aprender algo, sus posibilidades de conexión con el diseño de futuro comienzan a aparecer, porque el pasado ya no es un ancla sino un trampolín. Y el presente la tabla de impulso.
Es decir que la clave para desatar el nudo anímico que nos tiene atrapados, es darnos cuenta cómo interpretamos los hechos del pasado, desde dónde lo vivimos emocionalmente para crear el futuro que deseamos. Desde el resentimiento, crearemos un futuro resentido, con mas dolor, mas peleas, generando más injusticias; desde la frustración crearemos más de los mismo, sin posibilidades de cambio; desde la aceptación aparece la oportunidad de la autocrítica, de valorar lo bien hecho y diseñar lo que deseamos para nuestro bienestar.

El rediseño

La aceptación de los errores y el agradecimiento hacia todo lo vivido, como sea que haya sido, es lo que nos para en la línea de la adultez y solo desde allí el diseño de la vida deseada es posible.

El camino del adulto está marcado por la capacidad de pedir, de ofrecer, de negociar, de hacerse cargo de sus decisiones, acciones y consecuencias, es el estadio de mayor autonomía, libertad y poder.

De la crisis a la estabilidad dinámica

Desde la mirada del coaching ontocorporal la crisis es la oportunidad, la puerta a atravesar de manera consciente para evolucionar hacia el destino que cocreamos con el universo, como individuos y como sociedad.

La estabilidad dinámica es el equilibro que transitamos, mientras vamos hacia otro estadío de la vida, con los contextos que vamos generando acorde al estado de ánimo desde dónde nos movemos. Nunca estamos quietos, lo importante, es ser conscientes de ello en sintonía con  gratitud y la abundancia para crear bienestar.

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