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22.02

VILLA MARÍA, CÓRDOBA

07.01.2020 Columnista

La herencia de Alberto

La herencia de Alberto

Para quien vivió la crisis del 2001 le parece increíble que solo 18 años después nuestro país se enfrente nuevamente a una situación crítica en materia económica. Esto demuestra que el humano es el único ser vivo de esta tierra que tropieza dos veces con la misma piedra. Y los argentinos cumplimos fielmente esa regla.

¿Qué pasó en este tiempo para que hoy nos encontremos en esta situación? Está claro que cuando uno analiza las causas de nuestra debacle económica hay siempre un denominador común: un creciente gasto público que origina un recurrente déficit fiscal que se hace en algún momento infinanciable. Luego de vivir unos años con superávit fiscal en la gestión de Néstor Kirchner, Cristina Fernández se encargó en 8 años de hacer crecer el gasto público en más del 50% y encima con un componente indexado (sistema jubilatorio) lo que aseguraba una bola de nieve sin retorno y un déficit creciente. El Presidente Mauricio Macri en lugar de desactivarla, la potenció en sus dos primeros años de mandato con su política “gradualista” haciendo crecer además la deuda pública de manera inusitada. Según un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal -Iaraf- generó un déficit acumulado de 112.300 millones de dólares en sus cuatros años de mandato. Con la excusa de “la grieta”, los argentinos solo logramos asomarnos al abismo una vez más, mientras observamos atónitos como se culpan de nuestras desgracias los unos y los otros.

Menen vendió activos del Estado, los Kirchner aprovecharon la buena época de la soja y se gastaron todo, Macri nos endeudó hasta que no pudo más. Los gobernantes siempre tuvieron un recurso a mano para zafar pero nunca se atacó el problema de raíz.

En diciembre asistimos a un recambio de gobierno que nuevamente se enfrenta al dilema de recibir un país con múltiples problemas económicos y sociales y esta vez con muy pocas herramientas para enfrentarlos. Y volvemos a hablar de “la herencia”. Herencia puede ser para la nueva administración que asume, para los argentinos no es más que la continuidad de un proceso económico que con sus idas y vueltas nos ha hecho retroceder en el concierto internacional y empobrecido a la población. Los índices de pobreza revelan el fracaso de sucesivas gestiones gubernamentales y se convierte en la gran deuda de la democracia.

Estamos en el inicio de una nueva etapa política que, como siempre sucede, genera espacios de esperanza y de vientos de cambio. En este contexto los argentinos ya no pedimos soluciones mágicas ni promesas incumplibles, solo deseamos humildemente “heredar” mejores administradores de la cosa pública para no tener que repetir la historia. ¿Será esta vez?.

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