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04.08

VILLA MARÍA, CÓRDOBA

31.07.2020 Columnista

Oficialismo en aprietos

Oficialismo en aprietos

El oficialismo vive sus peores días desde que ganó las elecciones el año pasado. Ya no domina la agenda pública y ahora la oposición y el accastellismo buscan dominarle la agenda legislativa en el Concejo Deliberante. Hoy tuvo su primera muestra. Ambos bloques aprobaron la suspensión por un año más de la Ordenanza Impositiva Municipal (OIM), normativa que grava en un 10% la tarifa de luz para comercios y 6% para industrias. Además votaron en conjunto la interpelación del secretario de Salud, Humberto Jure, luego de la denuncia pública del macrismo sobre el cobro por parte de cuatro funcionarios de un bono municipal de 5 mil pesos destinado a los agentes sanitarios.

El propio gillismo había suspendido el OIM año pasado, previo a las elecciones municipales, con el objetivo de poner en aprietos a la oposición macrista (por los tarifazos ocurridos durante ese periodo). Ahora, un año después, es la oposición en conjunto con el accastellismo quien pone en ese lugar al oficialismo. En plena crisis económica del 2019, el gillismo impulsó la iniciativa y la aprobó en el cuerpo legislativo. Ahora es el mismo gillismo (sin Gill en el Sillón de Viñas) quien intenta reinstalar esta tasa en el momento de mayor crisis económica producto de la cuarentena.

Los empresarios, a través de Aerca, pusieron el grito en el cielo. Incluso presentaron una nota en el Concejo para que se derogue el cobro de esta tasa, que consideran “distorsiva”. Los opositores Vamos Villa María tomaron este reclamo y lo transformaron en proyecto de ordenanza. Pero apareció el otro actor que tiene el Concejo Deliberante, el accastellismo, que se escindió del oficialismo semanas atrás, y metió su propio proyecto. Planteó la suspensión por un año más de esta tasa y la oposición aceptó. La votación terminó 7 a 5 a favor de los opositores y del bloque accastellista y ahora el oficialismo deberá acatar lo resuelto por los ediles o vetar la ordenanza. El costo político del veto siempre es duro para cualquier oficialismo de cualquier Estado, más aún si se trata de aumentar la tarifa de luz.

En esta misma columna dijimos semanas atrás que el gillismo tendría que negociar mucho más las ordenanzas luego de la escisión del accastellismo, que “blanqueó” las diferencias con su rival en la interna peronista. Incluso hubo fuertes cruces en la sesión de ayer entre los concejales de ambos sectores. El oficialismo no pudo bloquear esta iniciativa accastellista-macrista-radical, lo que demuestra la enorme complejidad legislativa para imponer sus propios mandatos (con solo cinco concejales propios) y resoluciones sobre el resto de las fuerzas políticas.

Las decisiones que tomó el propio intendente en uso de licencia, Martín Gill durante este 2020, primero dejando el cargo temporariamente (¿o de manera permanente?) unos días después de asumir, y después con la prórroga por otros seis meses más, no parecía arrojar los mejores resultados en materia política. El capital político cosechado en las últimas elecciones municipales se ha visto fuertemente jaqueado. Se agravó con el caso positivo de coronavirus confirmado apenas dos días después de haber visitado la ciudad sin ninguna agenda oficial y participando -según la Justicia- de una reunión familiar superior a 10 personas. Esta situación le valió una imputación, que no tiene mayores problemas desde el punto de vista judicial, pero sí en su imagen pública.

Pero en política nunca hay que subestimar al oficialismo. La oposición confía en un triunfo si hubiere elecciones en 2021, en caso de que Gill renuncie. Sería una ingenuidad creer eso y esperar que solo suceda. El oficialismo puede recuperarse, reinventarse, generar nuevamente expectativas y ganar las elecciones. Esto es política, y como señalamos en otra columna, a veces se toca el cielo con las manos y a veces se muerde la lona. El oficialismo local siempre está a tiro de volver a renacer. Todavía falta mucha tela para cortar.

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