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21.10

VILLA MARÍA, CÓRDOBA

09.10.2020 Columnista

Que no cunda el pánico

Que no cunda el pánico

Está claro que nuestro país está viviendo un nuevo proceso de inestabilidad económica y esto se refleja en las tensiones cambiarias producidas por una creciente demanda de dólares en un escenario de escasas reservas del Banco Central. La medida de incrementar el cepo esta teniendo resultados porque, por distintas razones, pocos argentinos pueden comprar dólares ahorro.

La pregunta es: ¿dónde van los pesos que no se destinan a comprar dólares? 

Tasas de interés en pesos poco atractivas y el temor de una creciente inflación en el futuro cercano, más un valor muy alto del dólar blue, están produciendo una demanda muy importante sobre algunos sectores de la economía como la construcción, autos, bienes durables, etc. Esto podría ser una muy buena noticia para los comerciantes del sector sino sucediera lo que siempre pasa cada vez que se presume una devaluación inminente: Los productos empiezan a escasear o se consiguen mas caros que lo habitual (sobreprecios). El argumento de los productores e importadores es que no saben hasta cuándo van a poder importar al valor del dólar oficial y se cubren costeando al dólar bolsa o directamente al blue.

Esto va produciendo lentamente un cuello de botella donde se acumulan los pedidos de productos y la falta o demora de entrega de los mismos. La situación genera mas incertidumbre y retroalimenta la demanda, generando más problemas, transformando lo que podría ser una buena noticia (más ventas, reactivación) en una situación de alta incertidumbre y malestar entre los distintos actores del proceso.

La pregunta entonces es: ¿estamos en un momento terminal donde puede producirse una gran devaluación y un proceso hiperinflacionario? La respuesta es NO, a menos que todos salgamos corriendo a desprendernos desesperadamente de los pesos porque nuestras “expectativas” así lo indican.

 Entiendo que en esta situación mucho tiene que ver los mensajes que a través de los medios se difunden, generando situaciones de angustia e incertidumbre en una ciudadanía sensible a estos menesteres. En muchos casos no mienten, pero solo cuentan una parte de la historia o lo que les interesa.

Nadie niega que la situación es difícil, arrastramos problemas históricos que la pandemia agravó y puso mas de manifiesto, pero también es importante indicar que, si todos salimos corriendo a la misma vez y por la misma puerta, seguramente terminará nuevamente mal la historia.

 Creo que son momentos para estar atentos, informados, reflexivos, pero nunca desesperados porque la situación es muy difícil pero todavía no es terminal. Mas allá de la posición que cada uno tenga ante el gobierno, lo que está en juego es un país que ya ha tenido demasiadas crisis extremas como para agregar una más que pueden provocar   consecuencias sociales, económicas y políticas imprevisibles.

Por eso digo, críticas sí, propuestas y demandas razonables también, buena y completa información y, sobre todo, un poco de calma. De lo contrario, se producirá fatalmente lo que pensamos, la profecía autocumplida de una nueva crisis terminal, fruto del pánico y la sinrazón. Sabiendo que si esto se produce pasa siempre lo mismo: pocos ganan mucho y muchos pierden todo.

Cr Alberto Costa 

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