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14.04

VILLA MARÍA, CÓRDOBA

25.12.2020 Columnista

Hasta siempre voluntad popular

Hasta siempre voluntad popular

Como un viejo amigo que despide a su par, sin saber cuándo lo volverá a ver, con la nostalgia profunda reflejada en ojos vidriosos y mirada perdida, la ciudadanía de Villa María ha despedido ayer (miércoles, 23 de diciembre) la voluntad popular de miles de personas que hace tan solo un año y medio votaron masivamente a Martín Gill. 

   La elección municipal que eligió (valga la redundancia) un intendente de apenas 20 días y un intendente en uso de licencia de 540 días hasta ahora, que podrían ser 1.440 en total, es decir, por todo el mandato. Así lo dejó expresado el propio Gill en la nota que presentó en el Concejo Deliberante, en el cual no determinó tiempos de regreso, pero que el bloque oficial con un poco de decoro le volvió a fijar en 180 días. Y lo mismo se discutirá hacia finales de junio del año próximo, y luego otra vez en diciembre, con los mismos argumentos, hasta que el mandato vaya expirando. Nadie cree que el Gill algún día decida regresar al Sillón de Viñas por el cual fue elegido por el 55% de los sufragios. 

  La Carta Orgánica Municipal (COM) fue re-interpretada para adecuarla a las necesidades políticas de un solo dirigente, desconociendo el mandato que la comunidad depositó en las urnas aquel 23 de junio de 2019. Otra vez la obediencia debida partidaria pudo más que la libertad en el accionar de las personas. Todos saben que actúan contrario a la normativa, pero lo hacen igual por orden del inmediatamente superior. Poco de democracia tiene hacer caso como lo hace un niño con sus padres. Pasa en el gillismo, pasa en el accastellismo. 

  Perón decía que primero estaba la patria, después el movimiento y finalmente los hombres. En este caso, el orden de los factores sí alteró el producto. Importó poco la patria, sus leyes, el contrato social expresado en la COM; se priorizó la unidad partidaria y los acuerdos de cúpulas por sobre los intereses comunitarios; y se permitió que Gill ocupe un cargo que nadie eligió. 

  El gillismo dijo en la sesión que no se debe distinguir lo que la ley no distingue, en relación al plazo de licencia de un intendente, expresado con toda claridad en el Artículo 125, pero obviado para justificar el pedido de prórroga; y así utilizar el Artículo 124 para forzar al máximo la norma con interpretaciones propias de las famosas “dos bibliotecas” de los abogados. La oposición pidió que, para resolver este conflicto, se convoque a elecciones libres y que la ciudadanía elija nuevamente un intendente que complete el periodo hasta 2023. Y el caso más paradigmático es el accastellismo, que en junio dijo que no votaría otra prórroga y ayer lo hizo sin siquiera argumentar en sala.

  Dos definiciones para entender esta situación. Ambas expresadas en la sesión. Una del presidente del Concejo, Carlos De Falco, quien luego de argumentar a favor de la licencia, señaló que la legitimidad de esta decisión “más acá o más allá”, la terminará otorgando la población e hizo una fuerte crítica al Departamento Ejecutivo: “La ausencia de Gill no puede ser un valladar para seguir gobernando”.

Mientras que la presidenta del bloque opositor, Karina Bruno, afirmó que “si están convencidos del apoyo de la gente, si creen que es bien recibido, anímense y llamen a elecciones”. Y completó: “Los errores políticos más temprano que tarde se pagan”. 

  Distintas formas de expresarlo, aunque en definitiva el mismo sentido. Más allá de lo aprobado en el Concejo, más allá de la Justicia, en caso de que haya presentaciones en los próximos días, el pueblo de Villa María en algún momento hablará en las urnas. Y allí dirá si Gill estuvo bien o mal en su segundo mandato. Sea cual sea el resultado, lo más importante, es que en ese instante se habrá recuperado la voluntad popular. Y esos amigos volverán a fundirse en un abrazo.

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