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02.03

VILLA MARÍA, CÓRDOBA

20.02.2021 Columnista

Sorpresa por el nuevo acuerdo Gill-Accastello

Sorpresa por el nuevo acuerdo Gill-Accastello

En política, lo que ayer parecía una barrera hoy es un puente. Nunca la suma de 2 + 2 es 4. Nunca. Así de simple y de complejo. Accastello y Gill pueden dar fe, sin lugar a duda. 

  De manera sorpresiva, cuando nada hacía prever un acercamiento entre ambos dirigentes, esta vez la fumata blanca se elevó hacia el cielo para anunciar un entendimiento político “mucho más profundo”, como lo definió el intendente interino Pablo Rosso en conferencia de prensa.

  El acuerdo se tejió en las últimas semanas y concluyó en la sesión preparatoria con el nombramiento del accastellista Daniel López como vicepresidente segundo del Concejo Deliberante. En el peronismo, en general, las diferencias suelen saldarse a minutos del cierre de listas en cualquier elección. Pasó en 2019 cuando el propio Gill y Accastello sellaron la unidad para las municipales apenas una hora antes del lanzamiento de campaña en el Club Ameghino. Luego, durante los periodos de gestión hay diferencias notables y peleas que parecen insalvables (pasa en Villa María, en la Provincia y en la Nación). 

 Por eso sorprende este acuerdo tempranero. No hay elecciones de por medio (al menos que Gill renuncie en junio) y resulta ingenuo pensar que “gentilmente” se ofrecen ayuda mutua para encarar los próximos años de gestión. Se necesitan para sus aspiraciones futuras. A veces se buscan explicaciones rápidas que a la vista no aparecen, pero el tiempo y la observación de los hechos permitirá comprender el motivo de la flamante unidad. En política, la praxis siempre supera a la teoría. Los que teorizan quedan enfrentados, “enroscados”; los que acuerdan se toman un café 5 minutos y saldan todas las diferencias. Hay que creer poco en las peleas de los dirigentes políticos.

  El acuerdo fue reconocido tanto por el intendente interino, Pablo Rosso, como por el presidente del Concejo Deliberante, Carlos De Falco, de manera pública. Ambas autoridades se encargarán en los próximos meses de “relanzar” la gestión municipal con el aval tanto de Gill como de Accastello. Incluso desembarcarían dirigentes accastellistas al Departamento Ejecutivo Municipal.

  “Las conversaciones, las charlas, los acuerdos han avanzado mucho”, admitió Rosso en conferencia de prensa y señaló que “a diferencia de lo que nos tocó transitar en 2020, este acuerdo es mucho más profundo”. 

 “Hay una intención realmente clara del intendente Martín Gill, del ministro Eduardo Accastello y de nuestro partido para formular los consensos necesarios para seguir sosteniendo este proyecto que tiene 20 años y que nos sentimos orgullosos”, completó.

 En los mismos términos se expresó De Falco y habló de “relanzar, pechar y salir a gobernar”. “Fui uno de los dirigentes que apenas se plantearon diferencias habló de unidad. Finalmente se ha concretado. Es el comienzo de un camino dentro de diferencias metodológicas”, remarcó.

 Un avezado político local contó en off de record que “hay muchos dirigentes” villamarienses que quieren calzarse el traje de candidato a intendente con anticipación sin tener ningún consenso interno. Y agregó que la pérdida de referencias políticas “hacen que cualquiera crea que puede ser intendente”. 
  En efecto, el acuerdo Gill-Accastello buscará alinear la tropa y enfocar los esfuerzos en la gestión municipal luego de un 2020 con más penas que glorias.

  En pos de ese objetivo no sería de extrañar que aparezcan cambios en el gabinete. El acuerdo Gill-Accastello, una mayor participación de De Falco en la gestión diaria y el arribo de accastellistas al Palacio Municipal dejará muchos soldados heridos y con su poder semi- licuado. Ya lo dice el refrán, donde manda capitán, no manda marinero. El peronismo de la ciudad se encuentra en el peor momento desde que llegó al poder en 1999 y si el pronunciado declive no se frena a tiempo las consecuencias en 2023 pueden ser inevitables.

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