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04.08

VILLA MARÍA, CÓRDOBA

10.07.2020 Visto y Oído

La sostenibilidad como meta

Guillermo Domenech vive hace 31 años en Italia, en la ciudad de Voghera, Lombardia. Una localidad de 40.000 habitantes que se ubica a 50 km de Milán, capital industrial y económica de Italia.

Tiene 61 años, es el quinto de ocho hermanos varones, terminó la escuela secundaria en el Instituto Rivadavia y estudió Ingeniería en la Universidad Nacional de Córdoba. En los últimos años de la carrera trabajó con una beca en el CIMM (Centro de Investigación de Materiales y Metrología). Cuando terminó sus estudios se trasladó a Buenos Aires a realizar un posgrado en siderurgia con una beca del Instituto Argentino de Siderurgia (IAS). Trabajó también en Alpargatas S.A. y paralelamente hizo un curso de posgrado en la Universidad de Buenos Aires, en el Instituto del Petróleo. Después pasó a trabajar en Gas del Estado.

“Por aquel entonces no me gustaba oír a mis compañeros de estudio que decían que apenas se recibieran se irían del país, porque en el nuestro no había oportunidades. Era la época de los militares, 1983. Yo consideraba y considero que una persona que tiene la suerte de estudiar, usufructuando el esfuerzo de todos los contribuyentes, se debe a la nación, porque es una inversión del pueblo y quien la recibe tiene el deber ético y moral de devolver lo que ha recibido, no en dinero sino en obras, desarrollo y contribución al bienestar general.

Al llegar la época de la hiperinflación de Alfonsín, conseguir trabajo era difícil. Gané una beca del Ministerio del Exterior Italiano para hacer un curso. Era la oportunidad de crecer y de conocer ese mundo dorado que pocos tenían la suerte de visitar. Pedí licencia en Gas del Estado, y con la intención de volver, dejé la Argentina.

Aquí descubrí un mundo maravilloso, el curso lo daban managers de la Fiat en las viejas instalaciones de la primera fábrica. Conocí muchas otras plantas muy reconocidas en ese momento.

Conseguir trabajo resultó relativamente fácil y decidí tentar suerte aquí. De ahí en más, empecé a trabajar en empresas que hacían maquinarias y plantas para la industria alimenticia.

La decisión de dejar Argentina, familia, amigos y demás fue muy dura. Me pesa siempre el desarraigo y no haber podido pagar mi deuda con la Nación, pero creo que no fue una elección mía sino que la vida me condujo a ello.

Las oportunidades laborales, la riqueza y bienestar son mayores aquí. Todo está cerca: el mar, las montañas, la nieve, las universidades y el intercambio cultural que facilita a los estudiantes obtener becas en otras universidades europeas y aprender perfectamente otros idiomas. Las multinacionales que permiten tener trabajos internacionales, bien retribuidos y de alto nivel técnico, cultural y económico.
Extraño mi familia y asados con los amigos, aunque ahora las comunicaciones se han facilitado y hacen más suave la carencia”.

Hoy trabaja en una empresa que provee a multinacionales como Barilla, Ferrero, Nestlé, Heinz, etc., tiene una sucursal en Australia y vende en todo el mundo. “Soy miembro del ‘Comité Técnico’, además director de Investigación y Desarrollo y jefe del departamento de Calidad, Ética y Ambiente.

Actualmente estoy trabajando en todo lo que es Sostenibilidad y Ambiente, donde contrariamente a lo que se piensa normalmente, la sostenibilidad y el respeto del ambiente no siempre implican mayores costos y justamente en eso me estoy concentrando: la Sostenibilidad Ambiental debe ser impulsada por la Sostenibilidad Económica.

Con respecto al Coronavirus, la empresa en que trabajo casi no ha parado, porque producimos máquinas para la industria alimenticia y nos permitieron seguir trabajando, respetando todas las medidas de seguridad.

Si bien mi empresa tuvo ‘suerte’ y no cerró, hay muchos negocios que no sobrevivieron, algunos bares, restaurantes y hoteles por ejemplo”.

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