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28.09

VILLA MARÍA, CÓRDOBA

11.09.2020 Vidriera

Celulares personalizados

Camila Daghero transformó un hobby en una pyme desde que produce y vende fundas para celulares. El teléfono celular se ha convertido en un accesorio imprescindible para nuestras vidas. No podemos salir de casa o pasar más de 30 minutos sin verlo. Y como todo, queremos que se vea bien, que tenga nuestro estilo. Por seguridad le colocamos una funda, pero queremos que sea la más linda. Camila, una joven emprendedora, pudo ver esta necesidad del mercado y desarrollar su emprendimiento.

En el año 2016 comenzó con las primeras fundas que eran importadas y tenían diseños particulares. En los años siguientes tuvo problemas con la importación y al no poder conseguir lo que necesitaba, decidió fabricarlas ella misma. Para eso adquirió una máquina y así pudo completar todo el proceso.

Todo comenzó como un hobby, una actividad de diseño que realizaba en paralelo a su carrera de Recursos Humanos, la que sigue cursando en su último año. Recuerda que se pasaba horas con el teléfono bajando aplicaciones de diseño. Con el tiempo se dio cuenta que era lo que le gustaba. “Me interesaba y me interesa. Bajé dos o tres aplicaciones, las combiné, saqué ideas y así nació Up Cases”.
Su presencia en las redes, como sus diseños exclusivos hicieron que esta empresa creciera a pasos agigantados y hoy sus clientes están en todo el país. Camila vende a través de Instagram y redes, con envío en la ciudad a través de cadetes y a todo el país por transporte. Sus fundas llegan tanto a Río Negro, como a Ushuaia o Salta, aunque la gran mayoría de las ventas se realizan en Villa María, Córdoba y Buenos Aires.

La variedad y originalidad de la combinación de materiales y diseños hicieron que, sobre todo mujeres desde adolescentes hasta pasados los 30 años, compren sus productos.

Un nombre con amor 
Su emprendimiento se llama Up Cases. Nos cuenta que el nombre nació de forma ocurrente, “Estaba en mi departamento y se me vino a la cabeza una palabra, ‘arriba’ que en inglés es ‘up’. Me gustó ese nombre. Y lo relacioné con mi abuelo que desde chica me decía que tenía que aprender inglés porque me iba a abrir muchas puertas.

Al idioma lo aprendí de grande, a través de un intercambio que hice. Cuando regresé a la ciudad  comencé con el emprendimiento y gracias a mi conocimiento del idioma es que pude contactarme con proveedores del mundo para conseguir lo que necesitaba y de esta forma lograr los diseños que quería. El nombre tiene un valor sentimental y lo relaciono con mi abuelo, a quien admiro muchísimo”.

Sentirse acompañado al comenzar un emprendimiento es fundamental por lo que Camila cuenta: “desde el primer día mis padres me apoyaron muchísimo y eso es importante, tener gente a tu lado que te aliente”.

Este año sufrió el hackeo de su cuenta de Instagram que es su principal canal de comercialización. “Había llegado con mucho esfuerzo durante cuatro años a 20 mil seguidores, lo cual significaba un número enorme. Al ser hackeado perdí los contactos, pero gané clientas nuevas y visibilidad, porque mucha gente me apoyó y esto habla de la fidelización de los clientes, que es lo que más valoro”.

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