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26.01

VILLA MARÍA, CÓRDOBA

11.01.2021 Visto y Oído

Salta está más linda

Cuando nos dicen de probar un bonarda salteño, la curiosidad puede dar un salto. Si nos dicen que es de la bodega El Porvenir, la magia de Cafayate nos envuelve y el cerro se nos dibuja para abrazarnos. Nos atrapa. Sin embargo, y para mayor asombro, apenas vemos algunas etiquetas, sabremos que estamos frente a una propuesta que no encaja en nuestra imaginación.

La explicación no alcanzará: Racimos enteros y maceración carbónica al estilo Beaujolais (región de Francia) para potenciar la fruta y la frescura natural. Este es el ejemplo de El Porvenir y así describe la letra chica de la botella lo que denominan como “Pequeñas fermentaciones” (solo 3.400 botellas), con apenas un 12,5% de alcohol.

Las bondades ganan en frescura y la incredulidad nuestra cotiza en cardones.

La firma de Paco Puga se hace visible en la capacidad de innovar, de domar las uvas y de conocimientos compartidos, que conforma equipo con Lucía Romero y Daniel Guillén (entre otros) en esta bodega tradicional enclavada casi en el centro de la ciudad.

Cabe preguntarse ¿quién es Paco?
Francisco Puga es un enólogo de origen sanjuanino que llegó a Cafayate hace 20 años con una mochila al hombro y la revolución en las mangas arremangadas.

Sí, se recibió de la Escuela de Viticultura y Enología de San Juan con el título de Viticultor Enólogo. Cuenta que en 1998 realizó su primera vendimia en La Bourgogne, Francia, y que definitivamente lo marcaron. Los Valles Calchaquíes lo envolvieron y lo desafiaron (lo siguen haciendo) para lograr vinos distintos, a partir de la planta, de los suelos y de llevar adelante proyectos donde se comparten empanadas, el torrontés fresco y el conocimiento.

Puga asegura que la calidad de los vinos “se da en un crecimiento en bloque”. Su amistad con Rafael Domingo (Domingo Molina), Claudio Maza (El Esteco) y Mariano Quiroga Adamo (ex El Porvenir y Casarena), más las ediciones de la Coprovi (Consejo de Profesionales Vitivinícolas del NOA), la excusa perfecta para salir a probar y seleccionar los vinos de todo ese rico territorio, para cerrar con un gran evento cada noviembre (este truncado), certifican esa tendencia.

“Hace 20 años, el productor de una finca tomaba una muestra de lo mejor que veía en los viñedos, de parrales que tenían mucho mezclado y lo llevaba a la bodega donde le daban la orden de cosechar, pero en ese lote había quizás algunas cepas como el cabernet que tenía las pirazinas a full…”, resume Paco. Esas cualidades podían hacer que un vino salteño apareciera “duro” en el paladar de un consumidor, pero llegaron enólogos que comenzaron a trabajar desde la planta, esa historia cambió para mejor y hoy Salta la linda produce vinos de elite y con identidad.

Junto a ese grupo de amigos, producen Mugrón, un blend de enólogos (tres en realidad y próximamente cuatro); y con Diego Goico y Máximo Lichtschein emprendieron Tordos; pero además, hace menos en el tiempo puso en marcha un proyecto personal que es L´amitie, donde involucra a toda la familia y agota su producción en dos semanas.

De aquel muchacho que inició en los Valles Calchaquíes trabajando en la exploración de viñedos y estudio de suelos para el INV y de 2004 al 2009 en bodega El Esteco (producían Michel Torino, que luego se transformó en Elementos para el mercado local), de ahí a Colomé (dos años) y luego partió a desarrollar todo lo que es Amalaya (cinco años), para a fines del 2015 “empezar a charlar con El Porvenir, primero compartir con Mariano Quiroga la cosecha 16, y cuando se fue, quedé como el enólogo principal", queda un sabor a revolución conjunta de los vinos desde el bloque de los valles Calchaquíes.

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