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26.01

VILLA MARÍA, CÓRDOBA

08.01.2021 Vida y Estilo

En la tierra de TRAPPED

Llegamos al aeropuerto de Keflavik (a unos 50 km. de la capital Reykjavik), pero ya desde el aire sentíamos que la visita a esta isla-país iba a ser totalmente diferente a otro viaje que hayamos hecho. ¡Y no nos equivocábamos!

Retiramos el auto que alquilamos desde Argentina, cargamos el primer termo para inaugurar los mates y empezamos el recorrido planeado: la vuelta a la isla en unos 10/11 días.

Estuvimos sólo un día en la capital (preferíamos disfrutarla unos días más al terminar la vuelta) y ya pudimos ver lo moderno de sus construcciones, lo ordenado en el tránsito y lo cotidiano, como la amabilidad de su gente. Al igual que todo país nórdico, es bastante caro, pero se puede hacer económico. Llenamos el auto con compras del supermercado BONUS y antes del amanecer empezamos la gira.

Decidimos ir días antes de que termine el invierno (y sin imaginarlo, de que empeore la pandemia), con lo cual el paisaje era una blanca monotonía. El primer día aprovechamos a visitar la península del oeste, donde vimos las primeras cascadas (totalmente congeladas), montañas completamente blancas, cañones y caballos locales. Bajarse del auto para cada visita era todo un desafío.

Tras unos casi 600 km, descansamos en una cabaña en el norte, en un pueblito típico islandés (realmente en el medio de la nada) Varmahlíð, donde nos sorprendió uno de los motivos de nuestro viaje. Mientras cenábamos, un arco verde cruzó el cielo tímido y varias luces se aparecieron danzando. No podía creer estar viendo auroras boreales.

Antes de cada recorrido, tanteábamos el estado de las rutas (en tiempo real) en la página web del gobierno islandés. El tramo norte que nos quedaba se veía bastante difícil en cuanto a nieve. Después de pasar por momentos en los que no veíamos absolutamente nada, llegamos a la zona volcánica del lago Myvatn, donde tuvimos que quedarnos dos días varados mientras las máquinas trabajaban día y noche en las rutas bloqueadas por el mal tiempo. Los paisajes son realmente de otro mundo, entre montañas y volcanes nos metimos una tarde en piletas termales.

Los días siguientes transcurrieron entre los pueblitos de los espectaculares fiordos del este (incluyendo el famoso Seyðisfjörður de la serie Trapped), el interminable glaciar Vatnajökull y sus lenguas, la playa de diamantes (por los bloques de hielo en la costa), Hofn, el pueblito Vik con sus playas de arena negra y cuevas de basalto (donde se filmó gran parte de Game Of Thrones), el avión abandonado, Selfoss y el círculo dorado con los geiser y las cascadas (Donde se filmó la serie Vikingos), hasta llegar nuevamente a Reykjavik después de varios días.

Allí en la capital visitamos el HARPA (Teatro de Reykjavik, sede de la filarmónica), la enorme catedral que se ve desde cada punto, donde aprovechamos para caminar y perdernos entre sus calles. Nos demoramos exactamente 1 minuto en sacar el auto del parking por no entender el idioma de la máquina y nos cobraron una multa de 25 euros (acá sí que no se jode).

Es un destino que no tiene desperdicio. Dicen que es un país en invierno y otro totalmente distinto en verano. Habrá que volver para comprobarlo, pero no me quedan dudas de que así es.

Gastón Barchiesi

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