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VILLA MARÍA, CÓRDOBA

22.01.2021 Visto y Oído

La construcción se mueve por la obra privada y redireccionamiento de gastos

El cobro del medio aguinaldo y de las vacaciones, una relativa calma en el valor del dólar, el turismo acotado por los protocolos para prevenir la pandemia de Covid-19 y la falta de alternativas de inversión son algunos de los factores detrás del movimiento que experimentan corralones y constructoras, que atraviesan una especie de “veranito” sectorial.

Incluso, los problemas de desabastecimiento sufridos en los últimos meses de 2020 han amainado y están tendiendo a desaparecer, aunque persisten en algunos segmentos.

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“En materiales gruesos, se compusieron las entregas de cemento, pretensados y otros productos relacionados al hormigón. El hierro se ha ido normalizando, aunque aún falta. El mayor problema está en terminaciones cerámicas y sanitarios, porque hay mucha mercadería que es importada y hay ventas suspendidas, ya que no pueden ingresarla”, afirma Ricardo Merlino, uno de los directores de la red de corralones que lleva su apellido.

Directamente relacionada, una oferta que tiende a acercarse en el punto de equilibrio con la demanda ha llevado a que los precios no se hayan frenado, pero sí desacelerado su proceso inflacionario.

“El año pasado cerramos con una inflación en el sector de entre 65 y 70 por ciento, y más de la mitad de ese aumento ocurrió en el segundo semestre. Ahora, después de lo que fue octubre y noviembre, cuando debimos suspender ventas porque no había mercadería ni te daban precios, la situación se ha calmado un poco”, agrega Merlino. 

Así, los corralones están beneficiándose de un buen flujo de consultas y de ventas, más aun teniendo en cuenta que en el verano las operaciones suelen caer por factores estacionales.

“Hay mucha gente que no salió de vacaciones y otra que se iba al exterior y este año se fue a las Sierras. Eso genera excedentes que se están volcando en la construcción, sobre todo de clientes particulares que hacen alguna obra o remodelación”, sostiene Merlino.

Cinco claves para hacer más eficiente la construcción
En un corralón de Río Segundo, el panorama que observan es similar. “Si tuviéramos todos los materiales que nos piden, la construcción estaría explotando. Hay muchísima demanda, nos llegan compradores con todos los billetes correlativos, recién sacados del cajero”, relata uno de los empleados del local ubicado a la vera de la vieja ruta 9.

En ese comercio, coinciden en que lo más complicado es el abastecimiento de hierro. “Ladrillos, cemento e instalaciones para cloacas y agua están dentro de todo bien. Con el hierro el problema es que uno no puede comprar lo que necesita, sino que los proveedores te arman el combo que ellos quieren. Y además es lo que más aumenta: te mandan la lista nueva, pero no te largan ni un kilo de alambre”, critica el vendedor. 

Pequeños inversores

Según Luis Lumello, presidente de la delegación Córdoba de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco), históricamente el negocio en el sector se ha dividido en un tercio obra pública, un tercio obra privada grande (desarrollistas) y el tercio restante, pequeños ahorristas que invierten en viviendas familiares.

“Hoy estos últimos son casi el 50 por ciento y son los que están liderando la reactivación de la actividad”, remarca Lumello.

En este contexto, también lamenta que la oferta de materiales no esté a la altura de lo que la demanda está requiriendo. Sobre este punto, considera que debe tenerse en cuenta que los protocolos industriales impuestos para prevenir el Covid-19 siguen vigentes y eso impide que las compañías proveedoras trabajen al máximo de su capacidad instalada. 

“Lo bueno es que hay una reactivación clara de la actividad. Lo malo es que esta reactivación podría ser más fuerte si se consiguieran todos los insumos”, resume Lumello.

A la falta de materiales, las constructoras suman problemas para captar trabajadores formales
Sobre los precios, añade que la estabilización del dólar es un aliciente: entre octubre y noviembre, cuando hubo empresas que llegaron a suspender ventas de materiales, un factor clave fue una disparada cambiaria que llevó a la cotización informal de la divisa a tocar los 190 pesos. 

Eso generó una oportunidad y una avalancha de demanda por parte de personas que tenían ahorros esa moneda. Ahora, con los valores de la divisa estadounidense estabilizados, la demanda es buena pero no desborda, lo que le quita presión a los valores.

“El veranito del que tiene dólares en la mano se está achicando. No obstante, los ladrillos siguen siendo la única posibilidad de mantener la reserva de valor”, completa Lumello. 

Mano de obra, a la espera

Que la demanda esté mayormente concentrada en pequeños ahorristas; sin embargo, genera un costado desfavorable: el requerimiento de trabajadores no es tan alto.

“En muchos casos la gente acopia: cobró el medio aguinaldo, no se fue de vacaciones y compró materiales para hacer alguna refacción. Eso ayuda a subir un poco la demanda de mano de obra, pero no demasiado: aún estamos lejos de los niveles de empleo que tuvimos en 2019”, asegura Néstor Chavarría, secretario general de la Unión de Obreros de la Construcción (Uocra) en Córdoba.

De acuerdo con el gremialista, lo que levanta el amperímetro laboral es la obra pública, sobre todo de viviendas, un rubro con pocas novedades de relevancia en los últimos años. Y en el terreno privado, las desarrollistas, debido a la incertidumbre, mantienen sus proyectos, pero van a paso lento. 

“Donde tendríamos que tener 50 operarios, hoy hay cinco o seis”, ejemplifica Chavarría.

Fuente La Voz.

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